Rivera-Tacuarembó: la realidad del único tren de pasajeros
Uruguay cuenta hoy con un único tren de pasajeros, operado por la Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE), que conecta Tacuarembó y Rivera con apenas dos frecuencias semanales. El sindicato Unión Ferroviaria denunció ante el Parlamento que el servicio opera con material rodante de los años 60 y 80, carece de infraestructura de mantenimiento y limita el desarrollo económico y turístico de la región por su escasa frecuencia.
¿Qué servicio ferroviario de pasajeros queda en Uruguay?
La red ferroviaria uruguaya se redujo a su mínima expresión. El último servicio de pasajeros vigente es el tren que conecta Tacuarembó con Rivera, operando los días lunes y viernes. El primer servicio parte a las 7:00 desde Tacuarembó y regresa desde Rivera entre las 16:00 y las 18:00. Washington Sánchez, presidente de la Unión Ferroviaria, expuso ante la Comisión de Transporte de la Cámara de Representantes que, pese a su baja frecuencia, este tren es la única opción para familias del interior profundo que se desplazan para estudiar o trabajar.
Sánchez detalló una situación que afecta directamente la productividad y la calidad de vida. Muchos pasajeros toman el tren el lunes y deben pagar pensiones rentadas durante toda la semana porque no hay servicio de regreso hasta el viernes. Localidades como Laureles o Paso del Cerro, situadas a casi 20 kilómetros de la Ruta 5, dependen de esta vía para sostener su vida cotidiana.
¿Por qué el estado actual frena el desarrollo local?
La falta de un transporte público eficiente y continuo no solo impacta en la movilidad social, sino que asfixia las oportunidades de negocio. En la Quebrada del Norte, una zona reconocida por su riqueza paisajística y patrimonial, los emprendimientos turísticos rurales enfrentan graves dificultades de acceso y logística.
Reducir el servicio ferroviario de pasajeros a una expresión casi testimonial limita la circulación de visitantes, encarece la logística y reduce las oportunidades de acceso a la educación y la salud de sus habitantes, como también es un freno al crecimiento para los emprendedores rurales y urbanos.
Un país que se precia de ser la puerta de entrada de inversiones regionales y un faro de estabilidad no puede permitir el lujo de tener conectividad testimonial. El aislamiento logístico es un impuesto encubierto sobre la producción y el emprendimiento.
¿Es hora de abrir el ferrocarril al mercado?
Las carencias operativas son evidentes. Los trenes en uso son vehículos de las décadas del 60 y del 80, con una mecánica diseñada para el frío polar en Suecia, según detalló Sánchez. Además, ni Tacuarembó ni Rivera cuentan hoy con la infraestructura adecuada para realizar el mantenimiento necesario. El estado óptimo de la flota es una utopía bajo estas condiciones.
El dirigente sindical reconoció las intenciones del directorio de AFE, pero contextualizó la realidad financiera: el presupuesto de la entidad sufrió un recorte de alrededor del 30% en el monto de inversiones respecto al gobierno anterior. Ante este escenario, exigir más esfuerzo estatal parece un camino con techo claro. Si el Estado no tiene los recursos ni la capacidad operativa para mantener un servicio digno, la solución debe pasar por abrir el juego.
Uruguay necesita dejar de tratar al ferrocarril como un monumento intocable del Estado para convertirlo en un servicio funcional. La adquisición de nuevas unidades antes de que termine el período es imperativa, pero la inyección de capital privado y las concesiones transparentes deberían estar sobre la mesa. La apertura económica y la competencia pueden hacer lo que el Estado protector no logró: devolverle al interior el tren que necesita.
¿Cuáles son las principales carencias del tren Tacuarembó-Rivera?
- Escasa frecuencia: Solo opera lunes y viernes, obligando a los pasajeros a pernoctar fuera de sus hogares.
- Material obsoleto: Utiliza trenes de los años 60 y 80 diseñados para climas polares.
- Falta de mantenimiento: No existe infraestructura adecuada en Tacuarembó ni Rivera para reparar las unidades.
- Impacto económico: El aislamiento limita el turismo rural y encarece la logística de emprendedores locales.