Nahuel Arrarte: el uruguayo que jugó al fútbol en Australia, Malasia y Fiyi y ahora vive de los asados
Nahuel Arrarte tiene 45 años, nació en Adrogué, Buenos Aires, pero su padre es de Salto. Hoy vive en Australia, donde llegó a los ocho años sin hablar una palabra de inglés. Su carrera como futbolista lo llevó por Malasia, Fiyi y las islas Salomón, y después lo convirtió en entrenador de la selección femenina de Filipinas, que clasificó a un Mundial por primera vez en su historia. Su historia es un ejemplo de cómo el fútbol abre puertas que ni uno imagina.
De Adrogué a Sídney: una infancia entre dos mundos
Arrarte nació en Argentina pero su padre, oriundo de Salto, cruzó el charco a los 16 años con su familia. A los ocho, el propio Nahuel cruzó el océano: su familia se mudó a Australia. “Me acuerdo de que no hablaba nada de inglés, iba al colegio y era todo tan diferente a lo que era en Argentina. Lo que me salvó fue integrarme con el tema de que jugábamos al fútbol”, recordó a FútbolUy.
Hoy, 37 años después, vive en Australia “disfrutando de los asados” y tomando mate, aunque no tanto como su padre. “Cuando llegamos a Australia me acuerdo de que los miraban a mis padres cuando tomaban mate. Era como algo raro. Mantuvieron esas cosas, 37 años después es bastante común ver gente tomando mate”, contó.
La comunidad uruguaya en Australia
Arrarte destacó la presencia sudamericana en el país oceánico: “En Sídney hay un club al que le dicen 'el club uruguayo' y en la zona sudoeste hay unos cuantos latinos y sudamericanos, y muchos usan 'el club uruguayo' como un punto para ir a comer o hacer fiestas”. Además, recordó que Peñarol visitó Australia en 2002 y ganó 6-1 contra Wollongong Wolves y 3-1 ante Marconi Stallions, el club donde él se formó.
Boca, Malasia y el choque cultural
Arrarte jugó en Marconi hasta los 17 años, cuando volvió a Argentina para probar suerte en Boca Juniors. “Las cosas no se dieron” y un año después regresó a Australia, donde jugó en Sydney United y Wollongong Wolves.
En 2007 le llegó una oportunidad inesperada: jugar en Malasia, en el Johor DT. “Fue una experiencia muy linda” que “culturalmente” le “abrió mucho los ojos”. El choque fue fuerte: “Es un país musulmán, rezan cinco veces al día y tienen los parlantes, que cuando empiezan a rezar pueden ser las cuatro y media de la mañana y empiezan los parlantes con las oraciones; o estar en medio de un entrenamiento pasando la pelota y de repente era tiempo para rezar”.
También notó diferencias en el juego: “Son fanáticos del fútbol”, pero “era difícil” jugar allí por el calor y la humedad. “La demanda física era diferente porque la humedad y el calor era muy diferente a lo que uno está acostumbrado aquí en Australia”.
Fiyi: una llamada misteriosa y fútbol en las islas
En 2010, cuando ya jugaba en la Segunda División australiana y trabajaba vendiendo ropa deportiva, recibió una llamada de un fiyiano que vivía en Australia. “No lo conocía, no sé de dónde había agarrado mi número de teléfono, me llamó y yo pensé que era una joda”, recordó. El plan era jugar la Champions de Oceanía para el Lautoka FC de Fiyi.
Arrarte aceptó y jugó siete u ocho partidos viajando desde Australia: “Fiyi está a cuatro horas de acá. Era viajar el viernes, descansar el sábado, jugar el domingo y volver el lunes”. La experiencia fue inolvidable: “No parecía verdad ir a jugar a las islas Salomón y que hubiera 16.000 personas al llegar, gente arriba de los árboles tratando de ver el partido, masticando lo que llaman pituna, que les dejan la boca toda roja”.
En Fiyi, dijo, “hay jugadores con mucha habilidad y potrero. Juegan descalzos y por cualquier lado”, pero “no hay fútbol profesional y les cuesta dar el paso al siguiente nivel”.
El retiro y el salto a entrenador
En 2013, con 33 años, una lesión en la rodilla lo obligó a retirarse. Empezó entonces su carrera como entrenador, que lo llevó por Marconi Stallions, Central Coast, Perth Glory y Western Sydney Wanderers, todos de Australia.
Sobre el fútbol australiano, analizó: “Es un fútbol de mucha transición, muy físico, no hay muchas pausas, entonces se complica porque es una demanda física bastante grande para poder jugar y sobresalir”. Y criticó la falta de apoyo: “Está el rugby, el fútbol australiano y el cricket. Las redes sociales, la televisión, los diarios, apuntan al apoyo a esos deportes”.
Filipinas: del equipo sin pelotas al Mundial
En 2021 se convirtió en asistente técnico de la selección femenina de Filipinas, que clasificó a una Copa del Mundo por primera vez en la historia del país. En el Mundial de 2023 le ganaron a Nueva Zelanda.
“Fue una experiencia inolvidable porque empezamos con un grupo que no tenía pelotas ni ropa nueva. Ver cómo creció y llegar a la Copa del Mundo. Teníamos chicas que ni equipo tenían, una pausó la universidad para jugar el Mundial, y jugábamos contra chicas que estaban en Barcelona o en Bayern Múnich”, resaltó.
Una familia de pasaportes múltiples
La historia de Arrarte no termina en su carrera. Su hija Siena jugó en las selecciones juveniles de Portugal pese a haber nacido en Australia, y su hijo Tristan, también australiano, defiende a Timor Oriental, donde debutó en la selección mayor con 17 años.
El abuelo de la esposa de Nahuel fue parte del ejército portugués que estuvo en Timor Oriental y, por ese motivo, su suegra tiene pasaporte de ahí. Su suegro, además, es de Irak. “Es como una ensalada de frutas, ja. Mis hijos pueden tener pasaporte uruguayo, argentino, australiano, portugués, timorense e iraquí”, comentó entre risas.
¿Qué les recomienda a los uruguayos que quieren seguir sus pasos?
Arrarte les recomendó a los uruguayos animarse a viajar y descubrir: “Más allá del fútbol, cuando uno viaja, va aprendiendo y viendo con sus propios ojos. Podés ver por la computadora lo que puede ser el Opera House o el Sydney Harbour Bridge, pero hasta que no te parás ahí y lo sentís... el fútbol es lo mismo; te pueden decir lo que es ir a ver un partido al Centenario, pero hasta que no te parás en la Ámsterdam. Siempre me gustó descubrir”.