El baterista uruguayo Diego Pinera, ganador del Echo Prize alemán como mejor baterista de jazz, vuelve a Montevideo el 23 y el 27 de noviembre para dar clases en el Instituto de Música de la Facultad de Artes, la antigua Escuela Universitaria de Música donde él mismo estudió un año. Hoy, a los 45 años, vive en Alemania, compone y toca con músicos de todo el mundo, y mantiene una disciplina de hierro: entre cinco y siete horas diarias de estudio.
Según contó a Montevideo Portal / Montevideo COMM, Pinera empezó a tocar a los tres años. La profesora de guitarra de su hermana notó que el nene seguía el ritmo con una precisión poco común y sugirió a sus padres que lo pusieran a estudiar. Así llegó a Pablo Meneses, que le enseñó con dibujos, juegos y ejercicios auditivos. A los nueve años, Meneses lo derivó a Osvaldo Fattoruso.
El aprendizaje con Osvaldo Fattoruso
“No agarro niños tan chicos”, le dijo Fattoruso al principio. Igual lo recibió, y Pinera se quedó diez años con él. La metodología era otra cosa: los 26 rudimentos de la batería, técnica y movimientos, repetidos hasta el cansancio. Esa exigencia, lejos de desmotivarlo, lo empujó a superarse. También estudió percusión con Sergio Tulbovitz y completó un año en la Escuela Universitaria de Música con Jorge Camiruaga y Ricardo Gómez.
De ahí salió su decisión más importante. A los 16 o 17 años se fue a Cuba, recomendado por Tulbovitz, que había estudiado allí. Obtuvo una beca en un campus con varias escuelas de arte, compartió habitación con otros estudiantes y descubrió la timba, la música afrocubana y la posibilidad de tocar batería y timbales al mismo tiempo. Estudió con José Luis Quintana, Changuito, una de las grandes referencias de la percusión cubana.
“Me dio mucha confianza”, resumió Pinera sobre esa etapa. No es un dato menor: después de haber sido considerado un niño prodigio, en la adolescencia dudaba de tener las condiciones para dedicarse profesionalmente a la música. Cuba le devolvió la fe en su propio talento.
Del subsuelo en Seattle a la beca en Berklee
Al volver a Uruguay grabó los ritmos aprendidos en la isla, con la participación del propio Fattoruso. Poco después, una pianista que había conocido en Cuba y vivía en Seattle lo invitó a visitarla. A los 19 años ya tenía los fines de semana ocupados con proyectos de salsa, jazz, flamenco jazz y música caribeña.
La vida allí no fue fácil. Después de unos meses en lo de su novia, debió mudarse a un subsuelo donde vivían integrantes de una big band de Latin Jazz. Compartía el espacio con un perro llamado López, que quedó registrado en el casete con el que se presentó a la audición para Berklee College of Music. Preparó un estándar de jazz y los ejercicios técnicos trabajados con Fattoruso. Estaba tan convencido de que no lo aceptarían que ya había comprado el pasaje de vuelta a Uruguay. Le otorgaron una beca completa.
Esa beca fue una validación enorme para él y su familia, en un contexto de incertidumbre económica y una profesión con pocas garantías. En Berklee estudió y grabó con músicos de primer nivel y construyó contactos que después serían claves.
Berlín, Leipzig y empezar de cero otra vez
Tras la primera etapa en Boston eligió Alemania, donde parte de su familia vivía en Múnich. La escena jazzística muniquesa no lo convenció y se mudó a Berlín, donde arrancó otra vez desde cero. “Fue durísimo”, recordó. El idioma, el clima y las diferencias culturales hicieron que durante al menos siete años pensara en volver a Uruguay prácticamente cada año. Siempre aparecía una oportunidad musical que lo convencía de quedarse un poco más.
Un colega le recomendó un máster en Leipzig, donde profundizó en composición y batería de jazz durante tres años. Ese título alemán resultó decisivo: le permitió presentarse a audiciones para puestos docentes en universidades de música, con competencias de más de 150 postulantes para apenas seis lugares. Hoy enseña en las universidades de Dresde y Osnabrück.
En Alemania encontró lo que más lo atrajo: la mezcla entre jazz y música clásica contemporánea, una búsqueda centrada en el sonido y en las posibilidades de los instrumentos, más allá de lo rítmico.
El Echo Prize y las grabaciones con referentes del jazz
Piñera ganó el Echo Prize, el premio musical más importante de Alemania, como mejor baterista de jazz, algo especialmente significativo para un extranjero compitiendo con artistas locales. También obtuvo un premio alemán de composición.
El camino al premio tiene una historia de película. Grabó un disco con Mark Turner y Ben Street, dos referentes del jazz estadounidense, en un solo día, después de un ensayo de apenas dos horas, todos en la misma sala y casi sin margen de edición. Ben Street, a quien describe como una persona reservada, lo llamó para invitarlo a recorrer Nueva York. Su productor lo alentó a presentar el disco a los Echo. En esa edición la organización solo invitaba a los ganadores, no a los nominados: cuando encontró una invitación en su casa, entendió que había ganado. Estaba grabando otro disco y tuvo que cancelar los planes del día para avisar a sus colaboradores.
“Fue como el underdog del underdog que gana el premio”, recordó. El reconocimiento le dio, sobre todo, alivio. Sus padres viajaron para acompañarlo a la ceremonia, con alfombra roja y limusina incluidas.
Entre sus experiencias recientes destaca la grabación en Nueva York con el bajista John Patitucci y el pianista Dave Kikoski, cuyos discos estudiaba desde la adolescencia. Durante la sesión, Patitucci se interesó por su manera de trabajar los polirritmos y las métricas irregulares, y le pidió que le explicara algunos de esos recursos. Pinera se sorprendió al ver que músicos de semejante trayectoria seguían con la misma curiosidad para aprender.
La vuelta a casa
“Quiero devolver un poco lo tanto que me dio Uruguay”, dijo sobre sus clases del 23 y 27 de noviembre. La historia de Pinera resume algo que los uruguayos conocemos bien: el talento se forma acá, pero a menudo necesita del mundo para florecer. El mérito, en su caso, fue no rendirse nunca, ni en el subsuelo de Seattle ni en el invierno berlinés.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Diego Pinera?
Es un baterista y compositor uruguayo de jazz de 45 años, formado con Osvaldo Fattoruso, que vive en Alemania y ganó el Echo Prize como mejor baterista de jazz.
¿Cuándo vuelve Diego Pinera a Uruguay?
El 23 y el 27 de noviembre estará en el Instituto de Música de la Facultad de Artes, la antigua Escuela Universitaria de Música donde cursó un año de formación.
¿Qué es el Echo Prize?
Es el premio musical más importante de Alemania. Pinera lo ganó como mejor baterista de jazz, compitiendo con artistas locales siendo extranjero.
