De Almeida: “El mayor capital político de Uruguay en política exterior es su cultura”
Facundo De Almeida, director del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), tiene una convicción que lo acompaña desde hace décadas: la cultura es la herramienta más poderosa que tiene un país para posicionarse en el mundo. Y en el caso de Uruguay, asegura, ese capital es aún más valioso.
“El mayor capital político, en términos de política exterior, que tiene Uruguay es su cultura”, afirma De Almeida, quien llegó a Montevideo en 2011 para dirigir el MAPI y desde entonces trabaja en consolidar la diplomacia cultural como eje estratégico del país.
¿Quién es Facundo De Almeida?
De Almeida (51) es argentino, porteño, y se define primero como padre y luego como un apasionado de la cultura. Estudió Relaciones Internacionales, aunque nunca quiso ser diplomático, y construyó una carrera que combina sus dos grandes pasiones: la cultura y lo internacional.
Su vínculo con la cultura comenzó temprano. A los 9 o 10 años ya leía a Julio Cortázar y Edgar Allan Poe, y estudió piano de los 9 a los 17 años, hasta que reconoció, con humor, que “como pianista era un gran gestor cultural”.
Durante su juventud tuvo una intensa militancia estudiantil, llegando a presidir el Congreso Nacional de Estudiantes Secundarios de Argentina. En el liceo, sin saberlo, ya hacía gestión cultural: organizaba revistas, recitales y hasta un museo escolar.
La cultura como herramienta de relacionamiento internacional
La idea que define su carrera es clara: “pensar la cultura como una herramienta de relacionamiento internacional”. Esa visión lo llevó a trabajar en la Cancillería argentina, en los ministerios de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación, y en programas culturales en cárceles federales.
Su primer trabajo formal llegó casi por casualidad. Teresa Anchorena, entonces secretaria de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, lo convocó durante una cena para organizar la oficina de Relaciones Internacionales. Así comenzó una línea de trabajo que nunca abandonó.
“Se juntaron mis dos pasiones: la cultura y lo internacional. Trabajé en la Cancillería argentina, ahora trabajo en la uruguaya, trabajé en los Ministerios de Cultura, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el de la Nación en Argentina, siempre en el área internacional”, resume.
La cultura en tiempos de crisis: el caso argentino de 2001
Para De Almeida, la cultura no es un adorno sino una herramienta transversal que puede aportar soluciones incluso en los momentos más difíciles. Recuerda el quiebre institucional de Argentina a fines de 2001, con cinco presidentes en pocos días, y sostiene que la salida también pasa por lo cultural.
“Los quiebres democráticos o sociales son por razones económicas, pero siempre subyace una crisis cultural”, explica. En ese contexto, la política cultural debe ser pensada como algo mucho más amplio que las políticas hacia las artes.
“La cultura tiene que aportar a las políticas de seguridad, a las políticas de salud, al desarrollo social. En el MAPI aportamos un granito de arena con la escuela-taller de restauración que tenemos con el Mides”, señala.
Cultura en las cárceles: una estadística que sorprende
De Almeida trabajó en programas culturales en cárceles federales argentinas y tiene datos contundentes para defender esas iniciativas. “La tasa de reincidencia en Argentina era del 70%. Pero la tasa de reincidencia de las personas que pasaban por actividades culturales o educativas era del 3%”, revela.
Para él, la respuesta a quienes critican estos programas es simple: “¿Qué esperan? ¿Que no se les dé ninguna oportunidad y que cuando salgan en libertad, la única posibilidad que tengan sea seguir delinquiendo?”.
Además, recuerda que en países democráticos la pena privativa de libertad restringe la circulación, pero no los demás derechos. “Tampoco pierden ni el derecho a acceder a la cultura, ni el derecho a acceder a la educación”, afirma.
El desembarco en Uruguay y el desafío del MAPI
Su llegada al MAPI fue “bastante casual y azarosa”. Estaba en Montevideo de paseo, y una cadena de contactos lo llevó a reunirse con Ana Nobel, directora de Artes y Ciencias de la Intendencia, quien le propuso presentar una propuesta para dirigir el museo.
Cuando visitó el edificio, estaba en ruinas. “Esto era una montaña de escombros hasta el techo, y los ventanales de MAPI Café estaban tapiados con madera de obra”, recuerda. Pero lejos de asustarse, el desafío lo sedujo: “Me gustan las cosas que están por nacer, o que ya han nacido pero que todavía hay cosas por transformar”.
¿Los uruguayos visitan los museos?
De Almeida no cree que los uruguayos sean diferentes al resto del mundo en su relación con los museos. “Visitar museos de otros lugares casi como obligación, y no hacerlo tanto en el propio lugar de origen, es bastante común y universal”, dice.
El MAPI recibe entre 25.000 y 30.000 niños y adolescentes por año, un número que considera muy alto. Para atraer al público adulto, sostiene que hacen falta tres condiciones: calidad de las propuestas, buena comunicación y servicios complementarios.
“Los tres lugares más importantes del MAPI son el baño, el café y el estacionamiento”, dice en broma, pero muy en serio.
¿Cómo se mantiene vigente un museo?
La respuesta de De Almeida es contundente: “Eso se hace con teoría y con metodología, no sucede por azar”. La clave está en segmentar los públicos y no pensar que el público es homogéneo.
“No se puede programar con el gusto del director o del curador, porque entonces se hace un museo solo para personas que tienen el mismo gusto que ellos. Y en general, si estamos metidos en este mundo, es que somos gente bastante extraña”, ironiza.
Pone como ejemplo a un grupo de adolescentes que entraron “de contrabando” al museo para hacer videos para TikTok. Lejos de enojarse, los convocó y “se nos empezó a llenar de adolescentes el museo”. La conclusión: “No estábamos llegando, no porque no tuviéramos propuestas, sino porque estaba fallando la comunicación”.
¿Qué hace distinto al MAPI?
Para De Almeida, lo principal es que el MAPI entiende la política cultural como una política transversal. Recuerda una imagen que lo marcó: en una mesa del MAPI Café había un grupo de embajadores tomando un café, y en la mesa de al lado, chiquilines del Inisa desayunaban mientras participaban en un proyecto de diseño con materiales reciclados.
“Logramos que públicos completamente distintos sientan este espacio como propio. El MAPI logra que las personas que se involucran con nuestras actividades se encariñen. Yo siento cariño por el MAPI. No es un lugar donde vas, es un lugar donde estás”, afirma.
Diplomacia cultural vs. internacionalización de la cultura
El año pasado, De Almeida publicó junto a Nathalie Peter Irigoin el libro El poder de la cultura. Teoría y práctica en el escenario internacional, dedicado a la diplomacia cultural. En él, los autores distinguen dos conceptos que suelen mezclarse.
“Diplomacia cultural es cuando los estados, a través de la cultura, buscan mejorar su posicionamiento en el sistema internacional. Internacionalización de la cultura es la exportación de bienes y servicios de las industrias creativas”, explica.
En el caso de Uruguay, De Almeida es claro: “La cultura debe considerarse una herramienta central en la diplomacia para contribuir a cumplir con los objetivos de la política exterior”. Y el país tiene con qué: “El mayor capital, el mayor instrumento de poder internacional que tiene Uruguay es su cultura”.
Un secreto de Cortázar
De Almeida fue amigo de Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar, y guarda una anécdota sorprendente del escritor: “Coleccionaba destornilladores. No los usaba, iba, los compraba y los guardaba”.
La cultura para sus hijas
De Almeida es padre de Lucía y Mariana, de 19 y 20 años. La menor estudia Diseño de Comunicación Visual y la mayor Psicología, pero ambas están muy involucradas con la cultura. “Vos no decís ‘estoy involucrado en la cultura’, pero si vas tres veces en 10 días al teatro, lo estás”, reflexiona.
Consultado sobre si es feliz, responde con honestidad: “Sí… Nunca uno es feliz todo el tiempo. Pero la verdad es que no me puedo quejar”.
Foto: Montevideo Portal / Montevideo COMM