Diego Ibáñez: de la financiera al emprendimiento digital del tránsito
Diego Ibáñez no es un influencer más. Es un creador de contenido que encontró un nicho, apostó por él y construyó una marca personal con más de 100.000 seguidores especializado en tránsito y seguridad vial en Uruguay. Su historia es, antes que nada, la de alguien que decidió dejar la comodidad de un empleo formal para vivir de su propio esfuerzo.
El origen: una esquina, una duda, un negocio
Todo empezó con una maniobra en una intersección de Montevideo. Ibáñez subió un video consultando si había actuado bien al doblar. Los comentarios dijeron que no. Volvió al mismo lugar, hizo lo contrario y otra vez le dijeron que estaba mal.
Buscá en internet y no encontrás nada claro.De esa confusión surgió una oportunidad:
Hace falta claridad, y decidí ser ese alguien que diga: 'Esto es así'.
Su enfoque no es repetir la ley de memoria.
Un artículo nos dice una cosa y la gente interpreta tres cosas distintas, señaló. Por eso, elige explicar la lógica detrás de cada norma, incluso cuando la regla parece ilógica o resulta, a su entender, utópica para el Uruguay real.
La renuncia: dejar lo seguro por la libertad
Dejar la financiera no fue una decisión caprichosa. Sus padres, ambos mayores de 60, no entendían cómo alguien podía vivir de subir videos.
Era como que estoy dejando esta estabilidad, que, para lo que es el nivel de remuneración de Uruguay actualmente, era muy buena, reconoció.
Pero Ibáñez no quería ser lo que él llama un clavo: alguien que se queda en un trabajo que no le gusta por comodidad. Trabajar ocho horas, editar, crear contenido y mantener las redes le generó un estrés físico que se manifestó con un tic en el ojo durante meses. Renunció cuando alcanzó los 100.000 seguidores.
Yo voy a aspirar a más y me voy a dedicar a esto, ya que la gente confía, explicó.
El episodio del delivery: cuando el contenido se vuelve tragedia
Los primeros meses como emprendedor independiente fueron duros.
Durante dos años estuve acostumbrado a trabajar y tener redes, no a depender de las redes, admitió. La ansiedad de publicar sin saber si el video va a funcionar es parte del costo de ser tu propio jefe.
El momento más crudo llegó con el asesinato de un repartidor. Ibáñez estaba presente, filmó y llamó al 911. Circula habitualmente con dos teléfonos y lentes que graban.
Cualquier persona que vea el video no va a sentir lo que sentí yo, dijo. Temblaba cuando posteó el material. Se enteró del fallecimiento dos horas después por mensajes privados.
Fue como un cachetazo a todo el trabajo que uno viene haciendo hace dos años, definió. Lo describió como el peor escenario posible y el desenlace que busca evitar con su contenido.
Principios y mercado: por qué rechazó a los casinos
A la hora de negociar con marcas, Ibáñez pone límites claros. Rechazó publicidad de casinos pese a que implicaba mucha plata.
No voy a salir yo con un código por el que voy a ganar sobre tu pérdida, explicó con una lógica que escasea en el ecosistema digital. Su criterio es firme:
Si voy a hacer algo, tiene que ser aportando información.
Sobre el mercado de creadores en Uruguay, lo definió como difícil. Quien no sabe negociar
regala con grandes números el trabajo de todos los demás, complicando las condiciones para el resto. Aunque sus 111.000 seguidores no son los más grandes del mercado, ciertas marcas lo eligieron por la seriedad del contenido y del público.
Eso es como una caricia al alma, admitió. Estima que unos 100.000 de sus seguidores son uruguayos, de los cuales alrededor de 40.000 serían el público activo que una marca busca impactar.
Tránsito y libertad: una mirada sobre la responsabilidad individual
Para Ibáñez, la violencia en el tránsito no es un problema de la vía pública, sino de las personas que llegan a ella.
Vos me chocaste a mí en una esquina, nos bajamos y nos empezamos a dar golpes. No es un problema que tenga yo contigo o vos conmigo. Es un problema que nosotros ya venimos cargando, planteó. El auto funciona como un caparazón donde la gente siente que no le va a pasar nada, y eso baja los filtros.
También señaló el doble estándar habitual: el conductor de auto se queja de las motos, las motos de los autos, el ómnibus de todos. El mismo que critica al que para en doble fila haría lo mismo si tuviera que buscar a su hijo.
La fiscalización y las preguntas incómodas
Sobre el rol del Estado, lanzó una pregunta que debería interpelar a cualquier policymaker:
¿Cuántos autos de más de cinco años cumplen con la ITV? ¿Por qué la revisión técnica es obligatoria solo en Montevideo?Son cuestiones que revelan una regulación fragmentada y poco efectiva, típica de un sistema donde la norma existe pero su aplicación real es otra cosa.
Acerca de las motos, reconoció que están siendo exigidas por el sistema de delivery, lo que las pone en una situación particular dentro del tránsito. Un fenómeno de mercado que genera externalidades sobre la vía pública y que pocos se animan a analizar con honestidad.
A corto plazo, el foco de Ibáñez está en la marca personal: libros y cursos propios. Una apuesta por la independencia y el conocimiento, dos valores que nunca están de más en un país que se precia de hacer las cosas bien.