Héctor Maduri: el sinestésico que ve colores en la voz y quiere prevenir lesiones en el fútbol
Héctor Maduri, químico jubilado de 60 años, vive en La Plata y percibe el mundo de una manera que pocos pueden imaginar. Desde niño saludaba a alguien y veía colores en su mano, sentía sabores en las voces y percibía emociones ajenas como si fueran propias. Recién en el año 2000, tras años de terapia, le diagnosticaron sinestesia proyectiva, una condición neurológica que afecta entre el 2% y el 4% de la población mundial y que mezcla los sentidos de forma literal.
Maduri no considera que tenga una enfermedad ni un don. Lo define como una diversidad en la forma en que el cerebro crea la realidad. Y está convencido de que su condición puede ser útil para la Justicia, la medicina y el deporte de alto rendimiento. Su historia, impulsada por una ley de la ciudad de Buenos Aires que declaró el 2 de julio como Día para la Concientización de la Sinestesia, busca ahora visibilizarse en todo el Río de la Plata.
¿Qué es la sinestesia proyectiva?
La sinestesia es un rasgo de la percepción humana en el que los sentidos no actúan de forma aislada, sino que se mezclan. En el caso de Maduri, la variante proyectiva va más allá: literalmente proyecta lo que percibe como si tuviera un monitor de color al costado de su campo visual.
“Lo que me pasa es que cuando vos me saludás, aparece un color que según el énfasis que le ponés, las ganas, la empatía, me voy a acercar. Si hay un color azul, es el del abrazo y voy a tender a acercarme”, explica Maduri.
Si el color aparece distorsionado, la desconfianza se activa. “Me hablás como si estuviera un segundo más atrasado, se me activan el gris y el celeste, y digo: esta persona no es de confiar. Me alejo, se me activa una fobia y me escapo”, relata.
¿Cómo puede ayudar la sinestesia a prevenir lesiones deportivas?
Maduri asegura que puede detectar procesos inflamatorios antes de que se conviertan en lesiones graves. Lo aplica en sus clases de tenis y lo propone para el fútbol profesional.
“Si saturamos una articulación, un tobillo en un jugador de fútbol, nosotros lo vemos. Vemos que ese músculo se está por romper. Cuando el cerebro te dice ‘no puedo más’, protege el organismo y te cubre de posibles lesiones”, afirma.
En su lectura, los colores revelan el estado físico: el verde se asocia a la potencia, el amarillo al dinamismo y el rojo a la saturación. “Hace dos meses dije que la selección argentina iba a llegar arruinada al final. Si no me querés contratar, no me contrates, pero estudiá la sinestesia”, desafía.
¿Puede la sinestesia ser útil para la Justicia?
Maduri sostiene que puede detectar mentiras con solo observar a una persona. “Si alguien miente, yo lo veo y me doy cuenta. Después la Justicia tiene que comprobar lo que digo, ojo. Pero si alguien está mintiendo, para mí es básico: me doy cuenta con solo verlo”, asegura.
Compara su habilidad con la del protagonista de la serie El Mentalista, aunque aclara que el personaje nunca es identificado como sinestésico en la ficción. “Lo que hace Patrick es sinestesia, es una lectura corporal. En Estados Unidos el FBI aprovecha lo que hacemos”, dice.
El programa “Seis macarons y un café”
Tras jubilarse en 2018, Maduri ideó con su psiquiatra un método empírico para visibilizar la sinestesia. El programa, que ya lleva 130 episodios en YouTube, utiliza macarons de colores para explorar cómo cada invitado percibe los sentidos.
“Cuando el invitado iba a elegir un macaron, yo ya sabía qué color iba a elegir. Esa persona no sabe por qué eligió ese color, ni qué significa para él. Cuando me pongo enfrente y veo el color verde, le digo: decime qué es el verde para vos. Y entramos en una lucha”, explica.
Muchos invitados famosos le confesaron en privado que también percibían el mundo de forma similar, pero no querían hacerlo público. “Me decían: ‘porque me quedo sin laburo’. Hay mucha gente que no habla, porque son actores o cantantes y les da miedo que los tilden de locos”, lamenta.
La ley que visibiliza la sinestesia en Argentina
La ciudad de Buenos Aires aprobó la ley 6.742 que declara el 2 de julio como Día para la Concientización de la Sinestesia. Maduri fue el primer sinestésico reconocido por ley en Argentina.
“La ley se hace para asociar y adosar a un diagnóstico. Sumen a los chicos que son sinestésicos, evalúen, que los psicólogos profundicen. No es una condición rara, no es que somos enfermos. Es algo totalmente biológico, pero sí tenemos ventajas. Definámoslo para que los chicos no se sientan discriminados ni solos”, reclama.
Una condición que también pesa en la vida familiar
Maduri sospecha que su hija Fiorella, de 20 años, también tiene sinestesia. Vive en Patagones, a 1.000 kilómetros de La Plata, y la distancia complica el encuentro. “Cuando viajo se me activa la agorafobia, percibo la ansiedad, y a ella le pasa lo mismo. No podemos tomar micro, no nos podemos encontrar porque los dos nos unimos en lo que nos pasa”, cuenta con dolor.
En el secundario, recuerda, era “el loco”. Un episodio con un amigo en el auto lo marcó: “Iba con Pablo y él hacía un movimiento raro con el volante, estaba nervioso. Le dije: ‘¡No vayas tan rápido, nos vamos a matar!’. Percibí un acto de violencia en cámara lenta. Y él me decía: ‘No me pasa nada, estoy manejando normal’. Así era siempre”.
¿Es la sinestesia un don o una condición?
“Muchos me dicen que un don no es, porque lo separaría y tendría la posibilidad de utilizarlo. Yo no lo puedo separar de mi vida natural. Es una diversidad de lo que es el conocimiento del cerebro. Nuestro cerebro crea nuestra realidad”, reflexiona.
Y aclara: “Los colores técnicamente no existen. Un color es un haz de luz que rebota, absorbe el objeto y mi cerebro lo interpreta. Soy un ser biológico”.
¿Cuál es el objetivo de difundir su historia en el Río de la Plata?
“Mi finalidad es dejar un legado y divulgar lo nuestro. Es la impotencia. Somos incomprendidos. Me morfé todo esto durante 60 años luchando. ¿Ahora me quedo de brazos cruzados? No, lo divulgo para ayudar a otros”, sentencia.
Maduri cree que la sinestesia puede aplicarse en la política, la medicina y el deporte. “Si vos querés ser un jugador de fútbol, de tenis o boxeo, sacale el provecho. No podés tener generaciones de jugadores que no van a poder caminar más, con problemas de cadera. La ventaja es que podés decirle: pará un poco, cambien el entrenamiento”.
¿Es feliz Héctor Maduri?
“Del lado derecho sí, porque canto y toco como quiero y me expreso sin condiciones. Del lado izquierdo no”, responde. Y explica que la felicidad es un instante: “Donde puedo respirar, ver un video con música que me relaje, un lugar con un río transparente, montañas cristalinas. Pero del otro lado veo la realidad: un mundo desigual”.
La sinestesia, dice, no tiene switch. No se apaga. Pero tampoco le impide soñar con un mundo más empático. “Todo ser humano tiene tendencia a demostrar y a moverse. Somos seres humanos porque socializamos, porque tenemos la posibilidad de memorizar, de razonar y de frenar nuestros instintos. Cuando tenés la posibilidad de tener una ley, ¿qué hacés? Lo divulgás. ¿Cómo no lo voy a mostrar?”, concluye.