Gabón: el escándalo Gunvor y los fusibles de Oligui
El presidente gabonés aún dispone de margen para contener las consecuencias políticas del caso Gunvor. Pero la pregunta es si ese margen resiste o si, como suele ocurrir cuando el petróleo y el poder se cruzan, las redes son más profundas que cualquier cambio de gobierno.
Desde hace semanas, el caso concentra la atención sobre la gestión del sector petrolero gabonés. Brice Clotaire Oligui Nguema parece decidido a mantener el control y evitar una tormenta de mayor calado. Lo que no está claro es si esa voluntad de control equivale a una voluntad real de transparencia.
¿Qué se le reprocha a Gunvor?
El caso tiene su origen en una investigación de la justicia suiza sobre el negociante petrolero Gunvor, uno de los traders de materias primas más importantes del mundo. Los investigadores indagan sobre sospechas de corrupción vinculadas a la obtención de contratos petroleros en Gabón bajo el régimen anterior.
Según varios elementos ya públicos, intermediarios habrían percibido sumas importantes de dinero para facilitar operaciones comerciales en el sector petrolero gabonés. Nada particularmente nuevo en el negocio del crudo africano, pero la magnitud de las cifras y la implicación de un actor del calibre de Gunvor le dan al asunto una dimensión que ya no se puede ignorar.
Lo que cambia: ya no se puede culpar solo a los Bongo
Una particularidad del dossier es que se vuelve difícil convertirlo exclusivamente en un asunto del régimen anterior. Cuanto más avanza la investigación, más pone en evidencia mecanismos profundos, redes administrativas aún activas y circuitos económicos que superan con creces a una sola familia o a un solo período político.
Esta realidad complica la lectura política del caso y limita la posibilidad de reducirlo a un simple juicio al sistema Bongo, como el actual presidente y sus partidarios han convertido en costumbre. Mientras Oligui Nguema promete refundar las instituciones, los hechos demuestran que las estructuras de clientelismo y opacidad en el sector petrolero siguen operando con inquietante normalidad.
Los fusibles del poder
En este tipo de asuntos, la responsabilidad política podría remontar rápidamente hasta la cumbre del Estado. Pero entre las administraciones, las sociedades públicas, los responsables técnicos y los distintos intermediarios, varios niveles estarán obligados a absorber la presión mediática y judicial.
La historia reciente de Gabón muestra, por lo demás, que cuando emergen expedientes sensibles, son a menudo los responsables secundarios quienes pagan el precio político de las revelaciones. Los de arriba se salvan; los de abajo cargan con las consecuencias. Un patrón que no es exclusivo de Libreville, pero que allí funciona con particular eficiencia.
Oligui se protege, pero ¿a qué costo?
En este estadio, el presidente gabonés intenta conservar una posición estable. Si el expediente tomara más amplitud, nada le impediría sancionar a algunos responsables, proceder a cambios selectivos o poner en primer plano su voluntad de moralización.
Una estrategia ya observada en varias ocasiones y que permite generalmente preservar la cúspide del poder. Sacrificar piezas menores para salvar al rey. El problema es que esta lógica de supervivencia política no es exactamente sinónimo de transparencia ni de reforma real. Después de los Bongo, los viejos reflejos del petróleo no han desaparecido, y el actual gobierno no parece tener ni la voluntad ni la capacidad de alterar sustancialmente un sistema del que, en definitiva, también se beneficia.
Las consecuencias más probables conciernen hoy a algunos responsables que gravitan alrededor del sector petrolero o del aparato del Estado. Si el caso debiera hacer víctimas políticas, estas se encontrarían entre los colaboradores cercanos o los responsables operativos antes que en la cima de la jerarquía.
Un expediente incómodo, pero no aún peligroso
El caso Gunvor puede crear un problema de imagen para Libreville, particularmente ante los socios internacionales. Pero en el estado actual de la información disponible, se parece más a una crisis que el poder gestionará cortando cabezas selectivas, que a una amenaza que hará vacilar directamente a Oligui Nguema.
El escenario más probable sigue siendo el de una gestión política clásica: algunas responsabilidades individuales puestas en primer plano, algunas sanciones selectivas y una preservación del núcleo del poder. La pregunta es cuántas veces se puede repetir este guion antes de que pierda toda credibilidad.